martes, 3 de julio de 2012

La maldición de Rokford

(The Awakening, Reino Unido, 2011)

Compositor: Daniel Pemberton

Sello: Resonant Musics

Duración: 50,33 min.

 
Aunque la película no es muy destacable, a la música le favorece el hecho de estar dentro del género de terror. Pero en su contra se pone el hecho de explorar hacia sonidos de instrumentos sinfónicos a la antigua usanza. Lo que convierte en más creíbles los acontecimientos que suceden en pantalla, pero por contra resultan menos efectistas (“Seeing Through Ghosts”). De hecho, para mucha gente, cuando vea la película, la música pasará inadvertida. Pero no hay que dejarse engañar, porque para cuando quieres reparar en ella, ya te ha atrapado.
 

Sigue aquí los dictados de James Newton Howard que modernizó el sentido compositivo de la música de terror no tanto hacia los cambios bruscos de instrumentos y de volumen, sino hacia la creación de atmósferas que atrapan al espectador. Como ejemplo, recordemos la música de sus composiciones para Señales y El bosque, de Shyamalan. Aunque seguro que a muchos espectadores les recuerde más a la composición de Fernando Vázquez para El orfanato.

Hay que reconocer que es una música que destaca más que por su valor compositivo, por estar construida de forma muy inteligente por parte de Pemberton. Una de las claves es la utilización adecuada de los instrumentos, como la enignática flauta en “Florence Vanishing” o el címbalo en “The East Bedroom”.

La instrumentación es herencia de Newton Howard, pero los coros parecen obra de un alumno de Danny Elfman. Esos agudos de voces femeninas están gastados, pero siguen poniendo la piel de gallina. Igual que las voces blancas (infantiles), que utiliza con menos frecuencia, pero que añaden un punto de inocencia que aterroriza todavía más (jamás entenderé muy bien por qué pasa esto). El doble propósito se cumple: consigue jugar con el miedo y las situaciones de mayor suspense como en “A Death Remembered”. Pero también sirven para aportar un tono más épico como en “Chorus De Susticatio”.

Otro apartado destacable aparte de las voces es el uso de las cuerdas. En el más amplio sentido de la palabra. Violines y chelos, pero también arpa, contrabajo. En solos como en la preciosa canción “Be Still My Soul” que, por cierto, introduce la única voz masculina destacable de la cinta. Aunque es en conjunto donde alcanza mayores cotas de intensidad emocional, como en “Empty Classrooms” o en el colofón “The Awakening (Credits).

Todo aderezado con los típicos pasajes estridentes de agudos y una mezcla instrumental aparentemente incoherente, que convierten cualquier escena en sospechosamente tenebrosa. “Chasing Footprints” o “There is Nothing” son buenos ejemplos de los fuegos de artificio que no pueden faltar en cualquier película del género que se precie.

Un buen comienzo para un compositor desconocido. Habrá que seguir su evolución fuera del género de terror. Puede ser más que interesante.

 

M8mm

 

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